El 24 de marzo de 1976 hubo un Golpe de Estado en la República Argentina. Las Fuerzas Armadas
tomaron el control del gobierno. Había inflación y crisis económica. Una Junta de Comandantes, que
estaba compuesta por Jorge Rafael Videla, Eduardo Emilio Masera y Orlando Agosti, asumió el control
del país. Para esta Junta, "controlar el país" significaba disolver los partidos políticos, anular la libertad
de prensa y expresión, suspender el funcionamiento de la Corte Suprema de Justicia y suprimir todos los
derechos políticos. Desde ese momento, el régimen militar desarrolló una política terrorista. Cuando se
cumplió el primer año de dictadura ya había más de quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil
muertos y miles de exiliados. La "desaparición" afectó a personas de todas las edades y condiciones
sociales. Entre ellas había centenares de chicos secuestrados con sus padres o nacidos en los centros
clandestinos de detención. Los niños robados como "botín de guerra" fueron inscriptos como hijos
propios por los miembros de las fuerzas de represión, dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados
en institutos. De esta manera, comenzó la historia de las Madres de Plaza de Mayo y de las Abuelas de
Plaza de Mayo, mujeres que buscaban a sus hijos y nietos desaparecidos y que no recibían respuesta del
gobierno militar. En la actualidad, Abuelas de Plaza de Mayo es una organización no gubernamental
(ONG) que tiene como objetivos la búsqueda de los "niños" que fueron secuestrados y su encuentro con
la familia biológica.
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